Anónimo y pseudónimo son nombre de mujer

📚FELIZ DIA DEL LIBRO Y DE LOS COMUNEROS DE CASTILLA📚

Hoy escribo en @el_plural #TribunaFeminista sobre las autoras anónimas y que usaban pseudónimo, también de pintoras a las que se robó su obra:

En la feria del libro del Retiro de Madrid o en cualquier otra firma de ejemplares, se encarnan las pasiones del fenómeno fan de los amantes de la lectura. También se refleja perfectamente el ego de quien crea escribiendo.

Para la mitad de la población, para las mujeres, recibir halagos por sus obras no es una recompensa suficiente para poner su nombre y su vida en juego al crear literatura, poesía o teatro.

Eso cuando es de forma voluntaria, y no nos enfrentamos a un robo “por su bien” como le ocurrió a Margaret Keane, cuya historia recogió el film Big Eyes.

Hay decenas de razones por las que una persona puede optar por publicar sin dar la cara, las mejores y más seguidas cuentas de Twitter no tienen nombres y apellidos.

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https://tribunafeminista.elplural.com/2018/04/anonimo-y-pseudonimo-son-nombre-de-mujer/?amp_markup=1&__twitter_impression=true

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“Las consecuencias penales de mentir en el Currículum”

bannerEl Tribunal Superior de Justicia de Extremadura en 2011 avaló el despido de un trabajador que simuló tener el título de arquitecto técnico para acceder al puesto de jefe de obra, como recoge el diario El País el 15 de Septiembre de 2017.

La Señora Cifuentes lleva cuatro años (mínimo) simulando tener conocimientos en Derecho autonómico, algo que no es imprescindible para llegar a ser Presidenta de la Comunidad de Madrid. En manos de Ciudadanos está que el Partido Popular siga en el poder.

Para ellos, que tanto saben de derecho laboral, no parece suficiente la documentación ya aportada: que no coincidan las fechas, que no coincidan las direcciones que facilita Cifuentes en su expediente, que no coincida la composición del Tribunal evaluador con la composición recogida en el Reglamento de la Universidad… en cualquier empresa estaríamos ante una transgresión de la buena fe contractual recogida en el artículo 54 del Estatuto de los Trabajadores…

 

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“6 años de reforma laboral”

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La relación entre la Reforma Laboral del Partido Popular y los trabajadores y trabajadoras comenzó con bastante tormento, dos huelgas generales y muchos recelos. Pero 6 años después y sin que salgan los números para un cambio de gobierno hacia la izquierda, aquí sigue ella.

2012 fue año duro, cuando se les dijo a los trabajadores que los sindicatos eran malos, y que la negociación colectiva estaba lastrando la productividad y la competitividad de España con el extranjero (se entiende aquí por extranjero, China).

Casi un 7% de devaluación salarial después, sigue rigiendo las relaciones laborales. Se la anunció con grandes intenciones benévolas, como la de terminar con la dualidad del mercado laboral que condenaba al paro coyuntural a los más jóvenes y al paro estructural a los trabajadores con más experiencia en sectores que tras la crisis ya no existían. Terminar con los contratos temporales como forma preferente de contratación, y frenar los despidos.

 

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Parar para tomar impulso

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Hace más de 40 años las mujeres de Islandia paralizaron el país, y nada volvió a ser lo mismo. Con esta premisa los sindicatos mayoritarios han dado diferentes coberturas a la Huelga de Mujeres convocada para este 8 de marzo, día de la mujer trabajadora.

Desde la Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras justifican su paro de dos horas por las consecuencias económicas que supone secundar una huelga. Con sus dos horas de paro pretenden que sea más visual en los centros de trabajo como las mujeres abandonan el puesto, que se abra el debate. La Confederación General de Trabajadores convoca la huelga de 24 horas, y el Sindicato de Estudiantes hace lo propio en el mundo educativo, por lo que sea cual sea tu elección, cualquier represalia empresarial puede y debe ser denunciada.

La revolución feminista no se hará en un día, pero algún tendremos que empezar. Lo importante es crear alarma social, que las mujeres sean conscientes de a lo que están expuestas. El marxismo aportó no en vano el concepto “alienada”, con esta huelga se pretende que tomen conciencia de su explotación laboral y su discriminación de género.

 

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La brecha salarial es un abismo social

bannerHoy, las feministas reivindican el día de la Brecha Salarial. Desde 2014 para la Unión Europea erradicar la diferencia salarial entre hombres y mujeres en sus estados miembros es un objetivo principal de la Estrategia 2020.

La Ley de Igualdad aprobada e impulsada por un gobierno socialista ponía la atención en las empresas a partir de 200 trabajadores y trabajadoras, y sin sanciones económicas no se ha materializado nada. Se habla de feminización de la pobreza porque hay más trabajadoras con salarios por debajo del salario mínimo que hombres. Eso supone que tienen menos renta disponible mensualmente, pero también que tendrán menos cobertura de la prestación por desempleo y peores pensiones. En la Administración Pública, que debería ser punta de lanza de los derechos legislados, los permisos por maternidad los piden en un 97% las mujeres, lo que supone que los hombres obtengan promoción y complementos.

Algo que no es baladí a la hora de explicar el porqué del techo de cristal, en la administración pública, con más mujeres que hombres, se cuenta con más directores que directoras. Y en la empresa privada solo el 13% de los miembros de los Consejos de Administración de las Marca España del IBEX 35 son mujeres.

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Un contrato para gobernarlos a todos

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Tras el baño de masas de las elecciones catalanas, Albert Rivera se ha presentado en el Teatro de La Latina de Madrid con un contrato para gobernarlos a todos.

Este 2018 empieza para la agenda económica de los naranjas con recetas de 2015, entre otras la del contrato único que les diseñó Luis Graciano, uno de los invitados al club Bilderbeg en 2016.

Todo muy actualizado para atacar, según dicen, la precarización del empleo y la brecha provocada por la dualidad laboral entre temporales y fijos.

En síntesis prometen un contrato que eliminaría los actuales modelos de contratación (prestando atención a los regímenes temporales) y serían sustituidos por un nuevo contrato cuya indemnización dependerá de los años trabajados en la empresa -ya que estos señores, creen que ahora la indemnización se debe a otra cosa-.

 

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El precariado

El precariado no es más que una masa de trabajadores y trabajadoras que tienen un empleo por debajo de su formación y muy por debajo de las expectativas prometidas a su generación. En su mayoría es joven, en su mayoría mujeres.

Durante los primeros años de la crisis económica, porque esto tuvo un inicio, se subían salarios en las grandes empresas al mismo tiempo que se cerraban PYMES, hagan memoria, hasta 2012 los salarios nominales crecieron un 10% (excepto en el sector público), se llegaron a firmar ERES de 90 días de indemnización mientras los autónomos echaban definitivamente el cierre.

Se reguló la situación según el precio del despido, y los jóvenes fueron los primeros en perder el empleo, tanto ellas como ellos desaparecieron de los convenios colectivos, se les prometió enormes ventajas siendo trabajadores por cuenta propia.

El precariado nunca imaginó serlo, los que nacieron en la década de los 80 y 90 crecieron con la promesa de ser lo que les diera la gana de ser. Hasta que la brecha generacional con sus padres les puso los pies en el suelo.

Se habla mucho de la brecha salarial entre hombres y mujeres, y de la mínima subida de pensiones de este 2018. Pero el verdadero drama que hipoteca a España es la brecha y la dualidad laboral que padecen los jóvenes, y por ende, doblemente las mujeres.

La mujer del precariado es una mujer con estudios universitarios que acaba haciendo un curso de protocolo sobre donde coloca la cuchara de postre en distancia a la cuchara de café y un curso de excelencia telefónica para decir con voz dulzona y sin tono plano que tras la venta del banco sus acciones no valen nada, porque la mujer que no trabaja es por que no quiere. El hombre del precariado también tiene estudios superiores y hace un curso de carretillero porque para organizar las compras que los otros pueden hacer en Amazon siempre hace falta gente.

Jóvenes del precariado que no conocieron los juernes universitarios, que no se pudieron permitir un Erasmus ni un triste verano en Canterbury para aprender idiomas, pero que acaban teniendo el mismo empleo que los que dejaron el instituto con 16 años, y con el mismo salario de hace veinte años.

Hay que hacer memoria para poder recordar que en la crisis de los 90 nuestros padres también necesitaron dos empleos para sacarnos adelante, que las madres solteras no tenían vacaciones, y que el ideal americano del ama de casa que no trabajaba no se daba más que en las películas.

La situación que sufrimos los jóvenes a costa de dos reformas laborales que lejos de acabar con la dualidad la han incrementado empieza a demostrar sus efectos. Tenemos una población cada vez más vieja y menos feliz.

Se abrazan valores de la posmodernidad y de la posverdad hasta el agotamiento. Toda una generación sin dios, ni patria, ni amo, ni señor que se pasan de semana en semana el artículo de “la generación que no quiere tener pareja”, “la generación que quiere vivir en una caravana”… como si salud, dinero y amor fueran variables independientes entre sí.

Se inventan términos nuevos para entretener al precario y a la precaria entre idioma e idioma nuevo, apps que cuestan 2’99 euros para aprender idiomas porque poco más puede pagar el trabajador que ha resumido su vida laboral en alta el lunes, baja el viernes.

La profunda indignación que inundó hace ya casi ocho años las calles de Madrid bajo el lema de “juventud sin futuro” parece que ahora prefiere combinar la ropa del rastro bajo el concepto Hipster y arreglarse la barba frente al espejo de un piso compartido (sin ascensor, sin calefacción, y con la acústica perfecta para compartir experiencias precarias por el patio de luces) con otros cinco como si todavía fuese un estudiante de primero de periodismo y no tuviese ya 33 tacos, la indignación ahora la canaliza un HBO y un Netflix pagado poco más que con un crowfunding.

Si algo es nuevo de esta nueva etapa de la crisis (porque como bien se refleja en “Un Franco, catorce pesetas”, este país siempre está en crisis) es que la mitad de los jóvenes están en paro, es decir, la mitad de la juventud que quiere trabajar no tiene trabajo, lo que es muy grave si pensamos que hay jóvenes que ya se han dado por vencidos y siguen en casa de sus padres siendo población inactiva, encadenando un máster con un CCC. La mitad de los jóvenes que trabaja, tiene un 90% de posibilidades de tener un trabajo por debajo de su formación, y ese 10% al que al parecer le ha tocado la mano mágica e invisible de Adam Smith, cobra menos que sus iguales porque tiene un contrato de formación, y cobra menos de los que menos cobran, en el caso de las mujeres.

Cada vez que están en un trabajo precario escuchan de tus jefes esa famosa frase, esto son lentejas, y si no tengo ahí fuera cientos de personas desesperadas por coger tu puesto de trabajo por menos dinero. Cómo si les hubiese tocado la quiniela con ese trabajo basura y fuesen el ganador de los juegos del hambre. Un secreto, cuanto más paro, más precariedad de las condiciones de trabajo, de toda la vida, ya lo dijo Marx en el siglo XIX.

Y aún con estas pequeñas pinceladas, quieren vendernos que la precarización y el desempleo son fenómenos independientes. Como si la mano nos tocase con un dedo para contratarnos y pagarnos por encima de convenio y pagando las horas extras, olvidando que por cada joven trabajador que se atreve a ejercer sus derechos laborales, hay cientos que reniegan de sus derechos con tal de subir al Instagram un selfie bajo el rótulo “work, work, work”.

Microhistoria de una marxista-feminista en el centro de Madrí

-Tejer y tomar café al otro lado del Río-

Hoy he ido de excursión a un barrio pijo del centro de Madrid.
Abro hilo (podéis encontrar esta microhistoria en Twitter @aida2santos) de mi experiencia con las mujeres nativas que allí habitan.

Nada más llegar aparece el repartidor de la Sweeps y conforme viene se va porque la camarera le dice que no tiene para pagarle.

Cuando voy a la mesa donde ya está una amiga me siento y se nos sienta una nativa en la mesa. La saludo pensando que es nueva en el grupo. Me contesta que qué hacemos allí que ella viene todos los días con sus amigas y que esa es su mesa.

Le dice mi amiga que somos varias, que no cabemos en otra mesa y que lleva un rato ya sentada (y con todo nuestro mundo Craft en la mesa) pero la mujer le contesta con todo su rollo pijo que han llegado a la par.

Total que como yo soy clasista pero al revés, a mí me dan asco los ricos del otro lado del río Manzanares, le digo amablemente que nos vamos a otra mesa. Ha estado sola tres cuartos de hora, es lo único que tienen la ricas estás de los cojones, que están más solas que la una.

Nos tomamos tres cafés, un bollo (sí el bollo fue para mí), dos tés y un chocolate, unos 15€ de ticket. Pero ya veis que la camarera no tiene para pagarle al de la Sweeps y no tampoco sabe cobrar con dos tarjetas en un ticket. 🤦🏻‍♀️

Nos sacamos nuestras cosas de #knitters y otra vieja rica le dice a su filipina, porque ya sabemos que estás viejas no tienen amigas si no es pagando, mira, ahora está de moda que tejan hasta los hombres, les enseñan en la cárcel.

Pero qué pasa, que su marido tenía una black y ha aprendido a coser en la cárcel por corrupto? Será hija de puta la vieja.

Cómo me jode cruzar el río.

Tobilleras para terroristas

Durante el pasado verano las órdenes de protección a mujeres víctimas de violencia de género se han incrementado en un 16’1%. Por este tipo de protección a la mujer se engloba no solo la orden de alejamiento, también se prohíbe cualquier canal de comunicación, la suspensión del permiso de armas, arresto domiciliario, prohibición de regresar al lugar de la agresión, incluso medidas privativas de libertad.

Tras muchos años escuchando en las noticias, como la víctima X, Y, Z, había interpuesto denuncia y el agresor se saltó la orden de alejamiento, yo me pregunto para qué sirven en realidad.

Desde que el terrorismo de ETA pasó página, miles de escoltas se han buscado la vida siendo ahora, incluso de forma altruista, escoltas de mujeres que viven con miedo a que a pesar de todo aquello que representa el documento judicial, le espere su agresor en el portal.

Entiendo que un político tenga un escolta para prevenir un atentado contra su persona por la posición política que representa, tiene una amenaza real de agresión, y no le pone cara a su agresor. Puede ser víctima desde una banda armada que lleve planeando meses el atentado hasta un competidor político que decida ascender rápidamente.

Pero no se entiende la utilidad de estas medidas de prevención cuando una mujer pone cara, nombre y apellidos al agresor. Si se identifica a un terrorista que planea un atentado, o que incluso, ya ha sido detenido por manipular explosivos o difundir el ácido mensaje por la red, se le investiga, se le pone a disposición judicial, se le ofrece un juicio justo y es condenado.

Pero a un maltratador se le pide que se porte bien, le deje su espacio y no le pegue a la mujer que lleva meses, años, atormentando. Se confía en que no irá allí donde le han dicho que no debe ir. No se investiga atendiendo a la violencia sistemática que padecen las mujeres, no se le pone a disposición judicial con las medias oportunas, no se le ofrece un juicio justo a la víctima, y no es condenado el agresor. Simplemente parece que como el problema lo tiene con una única mujer, basta con que esa mujer este protegida de él. Como si se le pidiese a un terrorista que amenaza al Presidente del Gobierno que de Príncipe Pío a Ciudad Universitaria ni se acerque.

tobillera

Y son ellas, las que deben vivir con miedo a encontrarse con su agresor. Con un agresor que ha sido probado, ya que sin este paso previo no hay medidas cautelares ni medidas de protección. Esa mujer sabe que los investigadores y jueces de guardia saben que ese hombre la maltrata, y aun así, su mayor protección es un escolta para evitar que la apuñale por la calle, un pastor alemán o simplemente una pulsera que pita cuando está cerca (hay cerca de 3.000 dispositivos disponibles y sólo están activos 248), una pulsea que puede salvarle del abismo tanto como la power-ballance. He llegado a conocer a hombres orgullosos de su tobillera por GPS, porque él no es de los que las matan. Él tan solo vive su vida, firmando algún día en comisaría, y sin poder llamar por teléfono a una mujer que no quiere ni verle. Sin ser observado por un extraño en su casa, en su trabajo, o en la acera del colegio.

Como si ella fuese la culpable de la ira del agresor, y tan solo con evitarle volviese todo a la normalidad. Como si tan solo con cambiarse de ciudad y de corte de pelo pudiese dejar de tener miedo. Contamos con un sistema jurídico penal garantista enfocado a la reinserción. Pero solo el 1% de los maltratadores que no ingresan en prisión son condenados a un programa de tratamiento de intervención. Los agresores presentan una tasa de reincidencia en torno al 21-35% según le preguntes al agresor o a la víctima respectivamente. Y sin condena no hay posibilidad de reflexión, incluso con ella el 40% de los maltratadores niegan haber cometido un delito.

Por no hablar, que tan solo el 7’4% de los casos con hijos e hijas incluyó entre las medidas de suspensión la guardia y custodia, y un ridículo 3’1% representa suspensión del régimen de visitas.

Por lo que de nuevo, encontramos absurdeces en el protocolo. Un hombre en el que confías en que no se vuelva a acercar a la mujer a la que maltrata de forma probada con principios indiciarios suficientes para el juez, cuenta con plena confianza para que sus hijos y sus hijas, no corran ningún peligro, que ellos no serán víctimas de la misma violencia, o que no serán un medio para atormentarla.

¿Qué mandamiento gravado en piedra del monte Sinaí se está incumpliendo si un maltratador ingresa en prisión antes de tener una sentencia firme? ¿Cuántas muertes se hubiesen evitado con medidas más punitivas que la simple prohibición de acercarse a la víctima? ¿Cuántos niños y niñas más saldrán del territorio nacional sin consentimiento materno? ¿Cuántos niños y niñas más vivirán el chantaje y la presión misógina de su progenitor durante el régimen de visitas? ¿Cuántas más son suficientes para que no falte ninguna?

 

Los hombres que no quisieron acabar con el patriarcado

Les dijeron que podían llegar a ser la mujer que les diera la gana de ser. Que iban a poder ir a la Escuela y a la Universidad, que iban a tener una pensión justa. Apostaron por un futuro para sus hijas tan bueno como el que podían tener sus hijos.

A nuestras abuelas y a nuestras madres, que se dejaron la voz, las manos y las entrañas en un mundo de hombres, les prometieron los hombres de la Transición que lo mejor estaba por venir.

Y entonces se apostó por la incorporación de la mujer a la Universidad, y los hombres demócratas y progresistas se casaban con mujeres tan buenas como ellos, pero como el objetivo de la mujer en la Universidad es un prometido universitario nunca pudieron demostrarlo… Les prometieron una Constitución con la que podrían ser presidentas del Gobierno democrático y progresista, pero no hubo ministras.

Y entonces les dijeron que eran libres de trabajar, de tener una cuenta corriente sin la firma de un padre de familia, y los hombres demócratas y progresistas miraron hacia otro lado el día de paga, para ignorar así que las mujeres cobraban menos que ellos, y de nada les servía poder tener una cuenta corriente a su nombre, y nada podían hacer con esa miseria de salario por ellas mismas. Todo cuadraba para el patriarcado, les habían dado a las mujeres el velo de la libertad.

Y con esa libertad de la mujer para pasarse diez o doce horas fuera de casa y otras cuatro en casa fregando, el patriarcado se rascaba la barriga.

Y también les prometieron liberación sexual, una libertad para mostrar su cuerpo sexualizado, depilarse, maquillarse, operarse, y venderse… Libertad para tomar hormonas y más hormonas, en varios colores y con varios formatos, para que caiga sobre ellas la responsabilidad de la libre elección, libertad para jugarse la vida. Tuvieron que ponerse frente a una cámara las mujeres de la Transición para decir que ellas también habían abortado. Y ahora tienen que hacerlo para decir que ellas también han sido víctimas de chantaje y acoso sexual.

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En los últimos años, las nietas de aquellas manos, hemos sido protagonistas de una oleada de hombres progresistas que apuestan por la igualdad, muy sensibilizados y mucho sensibilizados en el  género y el poliamor. Que observan la lucha feminista con la misma óptica que Mayo del 68, con un elitismo en la Universidad de comprensión atendiendo a nuestras reclamaciones sin poder mirarte a los ojos. Muy indignados por la entrada gratuita a las mujeres en las discotecas de moda, pero incapaces de reconocer la desigualdad salarial que muestran todas las estadísticas europeas. Indignados todos ellos por la friendzone y las chicas que les dejan en visto el WhatsApp. Incapaces también, de programar la lavadora.

Nos explican por qué luchamos emocionados con la palabra igualdad en la boca y el respeto a todas las personas como alternativa al Feminismo que nosotras proclamamos.

Les mintieron. No somos libres. Nunca lo hemos sido. Ellos no pretenden que lo seamos. No lo han pretendido nunca.

Seguimos sufriendo el machismo cada día. Podemos trabajar, y sufrir de camino al trabajo acoso sexual en el trayecto, en el mismo puesto de trabajo por compañeros y superiores, y podemos, por supuesto, tener miedo de volver a casa solas. Ahora todo y nada ha cambiado, podemos ser diputadas autonómicas y que un hombre finja besarnos. Y también alcaldesas y concejalas, para que los empresarios y jueces de la ciudad nos pregunten si tenemos novio, nos digan lo buenas que estamos y que podemos hacer cosas.

Esas manos callosas que proyectaban voces indignadas en el Congreso (que sigue siendo solo de los Diputados) no imaginarían a sus nietas de vuelta en la calle, cortando Gran Vía, luchando por aquello que a ellas ya les habían prometido. La indignación por las decepciones cometidas contra nuestro género son desoladoras. Lo ocurrido esta noche frente al Ministerio de Justicia nos recuerda demasiado a las manifestaciones proamnistía por los delitos específicos (adulterio, aborto, prostitución) donde lo único concreto, es que los cometía una mujer pobre.

La violación es el acto más encorsetador que puede producir el patriarcado contra la mujer. Es una maquinaria del miedo. No afecta solo a las víctimas, nos afecta a todas las mujeres. Porque no depende de como vestimos, no depende de como hablamos, no depende de como caminamos, no depende de lo tarde que sea cuando volvemos a casa, ni de lo tarde que sea cuando salimos de casa, no depende de lo borrachas que vayamos, no depende de las drogas que tomemos, ser violadas no es algo que nosotras podamos controlar, no depende de nuestra clase, de nuestra formación, ocupación, ni de nuestra edad. Por lo que no tenemos una fórmula mágica para evitar una agresión sexual.

Ronda los 20 años, y se había creído las promesas de los hombres demócratas y progresistas sobre la libertad y el respeto a la mujer, por eso se atrevió a ejercerla, y caro ha pagado el precio de la cruda realidad: año y medio de prensa, de seguimientos, de amenazas, de pesadillas, de llanto, de miedo y de heridas, año y medio repitiendo lo que ocurrió en aquel portal frente a cejas que arquean y anotan. Pero no está sola. Las manos seguirán proyectando gritos de indignación, rabia y dolor, porque contra esto, que nos afecta a todas, seguiremos luchando por cada espacio, público y privado, en cada plaza, porque ya no creemos en las promesas de igualdad de quien estigmatiza el Feminismo.

Si el machismo y los valores patriarcales siguen instaurados y vestidos con togas escrutando la vida de las mujeres víctimas de agresiones sexuales, de violencia de género, de extorsión, de despidos nulos, y de explotación sexual y reproductiva, el Feminismo tomará las calles, y el miedo cambiará de bando. Yo sí te creo.