Extracomunitarios en Europa

Volvemos a citar, ya por tercera vez, el dilema europeo, qué se nos está pasando por la cabeza para considerar viable una Europa democrática que se defiende a través de políticas que significan la exclusión de la vida política, por no decir de los derechos sociales y civiles de todo aquel que no haya nacido en un Estado Europeo.
Me ha llamado especialmente la atención cuando en el libro “La ciudadanía Europea”, en la página 42, se pude leer:

El Tratado de la UE establece una base político-legal de “ciudadanía europea” pero entendida únicamente como un complemento de la nacionalidad. Es decir, solamente son ciudadanos europeos los nacionales de un Estado de la Unión de este modo, obtienen algunos de los derechos en el conjunto de los Estados de la Unión Europea que eran exclusivos de los nacionales.

Resalto la palabra solamente, porque se tiende a ver lo bonito que es ser ciudadano europeo, pero no se cae en la cuenta de que hay excluidos.

Europa no puede vivir, ni pretender hacerlo, en un estrato donde no reconozca que tuvo un pasado como continente de emigrantes (con la actual era globalizadora no ha dejado de serlo), y que se ha ido convirtiendo en el destino frecuente de inmigrantes.

Las corrientes migratorias no pueden frenarse, no le podemos limitar a una persona que escoja donde quiere vivir o done quiere trabajar por el hecho de donde haya nacido, con la escusa de que queremos controlar la economía y la seguridad del país. El control de la inmigración no deja de ser una limitación a la capacidad del individuo para moverse.

Las modalidades según las cuales se definen y aplican las políticas de lucha contras las exclusiones y las discriminaciones constituyen la piedra de toque de la democracia, en un mundo donde la nación autosuficiente no se da en ninguna parte, ni siquiera en las naciones dominantes de la economía mundo.

¿Entones cómo permite Europa que se den discriminaciones con los extracomunitarios? ¿Cómo sigue defendiendo y abanderando un ideal democrático cerrando los ojos a la realidad en la que viven decenas de trabajadores y de trabajadoras?
Cómo es posible que se defienda una gestión democrática, si una parte importante de su población está de entrada formalmente excluida por su estatus jurídico-político. Esta consideración de excluidos favorece la aparición actitudes xenófobas y racistas.

El extranjero se convierte en un excluido, las promesas de cooperación y solidaridad se invierten llegando a tomar la forma de un avión que repatría a los ilegales.

La Unión Europea, reducida únicamente a los valores de rentabilidad-competitividad, ponen en peligro a muchas personas que no son comunitarias, y que por ello viven con el miedo a tener que irse.
Recuerdo de“Las uvas de la ira”, como la familia protagonista, naturales del Estado de Oklahoma, se juegan la vida por llegar al Estado de California, con la idea en la mente de allí se podía ir comiendo la fruta que crecía por los árboles de los magníficos paseos peatonales.

Y de cómo, a lo que se dedicaron fue a recoger melocotones, por una miseria, y que en cuanto los californianos se encontraron con el crack del 29 en las narices, la recogida de melocotones les pertenecía. No es más de lo que ha ocurrido en Europa en el siglo XXI.

Es claramente reconocido por el Derecho Internacional Público, que debe otorgar el mismo tratamiento a las situaciones iguales, pero en el caso de personas comunitarias y extracomunitarias, el segundo debe pelear por un reconocimiento.

Jean Leca, establece una concepción alternativa a la preconizada en el Tratado de Maastricht, que conjugaría el primer modelo de comunidad política incluida con un modelo de comunidad cultural igualitaria y pluralista. Ya que si se entiende como una identidad democrática, ha de configurarse como identidad plural.

Otra razón importante para no cerrar las puertas a la inmigración es el hecho de que estamos viviendo en una Europa ciertamente estéril, desde hace varáis décadas que la curva demográfica decae, y la población inmigrante,es en su mayoría joven, y con pretensiones de tener familia, familias formadas por dos y más hijos, mientras que las familias europeas cada vez destacan más por ser familias con uno o dos hijos. Pero es aquí donde aparece un conflicto de identidad, esos niños que nacen en Europa son consecuentemente europeos, y rompen con la
“homogeneidad”.

De todos modos se han hecho avances en la regulación de las personas extracomunitarias: reformas, para promover la residencia legal, a la movilidad dentro del espacio europeo, como reconoce Schengen, y para pasar de esta a la ciudadanía europea. Al igual que el derecho a prestaciones derivadas de la actividad laboral de un extracomunitario dentro del Unión en beneficio de sus familia, cuando los miembros de ésta sean ciudadanos europeos.

​Per tu, que vas estudiar primària en una prefabricada

No m’agrada utilitzar les meues experiències per donar lliçons, però pel que sembla es pressuposa en els socialistes una casta que per la meva casa, mai vam veure.
He anat a diversos col·legis, he anat d’aquí cap allà tant com els meus pares, treballadors, d’aquests treballadors que fan fora 14 hores en una cuina de sis metres quadrats amb sis treballadors.

A la Comunitat Valenciana, on la paella i la corrupció la broden, vaig anar a tres col·legis i a un institut.

Al Poble Nou de Benitatxell, on només es feia classe en valencià (així sóc ara una bilingüe de pro i em paguen un plus que no té res de plus en un treball precari) estudiava en una prefabricada (perquè nosaltres no ho dèiem barracons).

Allà a l’hivern amb les pluges teníem goteres, el sistema de mur cortina que s’estilava a les finestres deixava passar poca llum i havíem d’estar amb el fluorescent tot el dia, i de ventilació poca, per no dir que l’aire condicionat només valia per fer bonic perquè no recordo que s’encengués mai.

Menjàvem a mig dia en un bar amb qui s’havia fet una subcontracta. Així teníem primària i Formacion Professional “això volem per a vosaltres”.
Quan vaig passar a Teulada, anava a un col·le dels de veritat, però segons creixies t’espabilaven, et passaven al pati de dalt, a les prefabricades. Per sort aquestes només les trepitjava la meua classe quan anàvem a Francès, com teníem una companya que necessitava una cadira de rodes i un caminador per moures, ens van posar al magatzem, que li poses la pissarra i ni te n’adones que això no és un aula.
L’institut de Benissa era d’estrena, per això ens estranyava que tingués esquerdes i que els cotxes dels professors ocupessin mig pati.
Anys han passat, no molts per sort, em queda molt de jove encara. Però no d’ingenua, ni a mi ni a molts d’aquells companys que van estudiar amb mi en els barracons. Gràcies a facebook podem saber que ha estat de nosaltres, i la veritat, és que ens van venjar bé del Partit Popular que anava dopat a les eleccions gràcies a les nostres prefabricades.
Mitjançant el Diario.es i de la Cadena Ser ara sabem que les campanyes electorals que es feien al Port potser tinguin alguna cosa a veure amb els nostres col·legis. Es van adjudicar contractes a ofertes temeràries en preus baixíssims que després es multiplicaven fins a un 40 per cent i passaven a les arques del Partit Popular, suposo que a la Arca B subprima, ja no ens deixen que Bárcenas ens ho expliqui i Rita encara no s’atreveix a explicar-ho, Camps encara continua buscant la factura de les americanes que es va oblidar en el tint.

No ens volien a les aules, ens volien posant canyes i gambes.

Potser no hàgim aconseguit entrar en un Consell d’Administració, tenir l’últim model d’Audi, o una hipoteca a 40 anys que ens permeti un pis amb tarima flotant i dutxa efecte pluja. Però els hem guanyat la batalla. Ens van treure de les aules i ens van deixar sense biblioteques, i tot i així els vam vèncer, fins i tot hi ha per aquí alguns que salven vides al voltant del món, dissenyen noves ciutats, es preparen per als cossos tècnics de l’Estat, i han arribat a l’excel·lència educativa en les universitats públiques espanyoles a força de beques cada vegada més antisocials.
Fins i tot el xaval de 23 anys que va amb el vot del PP valencià preparat de casa el cap de semana que torna de la Universitat al poble, també li ha guanyat la batalla a l’administració Zaplana / Camps, si xaval, a tu també et volien gilipolles i els has dit que no ho seràs .

Per mi i per tots els meus companys, per ells primer, perquè no es van rendir, us mereixeu molt més del que ens han ofert.

Per a tu, per a tots aquells que vau estudiar primària en un barracó, enhorabona.

PD: i també als de la secundària, els de la FP, els que no vau tenir mai biblioteca, i als que els vos van enganyar amb els diners ràpid de la construcció i vos van deixar sense futur però us heu apuntat a l’escola d’adults, enhorabona.

Para ti, que estudiaste primaria en una prefabricada

No me gusta utilizar mis experiencias para dar lecciones, pero al parecer se presupone en los socialistas una casta que por mi casa, nunca vimos.
He ido a varios colegios, he ido de aquí para allá tanto como mis padres, trabajadores, de esos trabajadores que echan 14 horas en una cocina de seis metros cuadrados con otros seis trabajadores.

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En la Comunidad Valenciana, donde la paella y la corrupción la bordan, fui a tres colegios y a un instituto.
En el Poble Nou de Benitatxell, donde sólo se daba clase en valenciano (así soy ahora una bilingüe de pro y cobro un plus que nada tiene de plus en un trabajo precario) estudiaba en una prefabricada (porque nosotros no lo llamábamos barracones).

Allí en invierno con las lluvias teníamos goteras, el sistema de muro cortina que se estilaba en las ventanas dejaba pasar poca luz y teníamos que estar con el fluorescente todo el día, y de ventilación poquita, por no decir que el aire acondicionado sólo valía para hacer bonito porque no recuerdo que se encendiese nunca.
Comíamos a medio día en un bar con quien se había hecho una subcontrata. Así teníamos primaria y Formacion Profesional “esto queremos para vosotros”.

Cuando pasé a Teulada, iba a un cole de los de verdad, pero según crecías te curtían, te pasaban al patio de arriba, a las prefabricadas. Por suerte esas sólo las pisaba mi clase cuando íbamos a Francés, como teníamos una compañera que necesitaba una silla de ruedas y un andador para moverse pues nos pusieron en el almacén, que le pones la pizarra y ni te enteras de que eso no es un aula.

El instituto de Benissa era de estreno, por eso nos extrañaba que tuviese grietas y que los coches de los profesores ocuparan medio patio.

Años han pasado, no muchos por suerte, me queda mucho de joven todavía. Pero no de gilipollas, ni a mi ni a muchos de aquellos compañeros que estudiaron conmigo en los barracones. Gracias a facebook podemos saber que ha sido de nosotros, y la verdad, es que nos vengamos bien del Partido Popular que iba dopado a las elecciones gracias a nuestras prefabricadas.

A través del Diario.es y de la Cadena Ser ahora sabemos que las campañas electorales que se hacían en el Puerto quizá tengan algo que ver con nuestros colegios. Se adjudicaron contratos a ofertas temerarias en precios bajísimos que luego se multiplicaban hasta un 40 por ciento y pasaban a las arcas del Partido Popular, supongo que a la Arca B prima, ya no nos dejan que Bárcenas nos lo explique y Rita aún no se atreve a contarlo, Camps todavía sigue buscando la factura del traje que se olvidó en el tinte.

https://twitter.com/iescolar/status/704282271235358720

No nos querían en las aulas, nos querían poniéndoles cañas y gambas.
Quizás no hayamos conseguido entrar en un Consejo de Administración, tener el ultimo modelo de Audi, o una hipoteca a 40 años que nos permita un piso con tarima flotante y ducha efecto lluvia. Pero les hemos ganado la batalla. Nos sacaron de las aulas y nos dejaron sin bibliotecas, y aún así les vencimos, incluso hay por ahí algunos que salvan vidas al rededor del mundo, diseñan nuevas ciudades, se preparan para los cuerpos técnicos del Estado, y han alcanzado la excelencia educativa en las universidades públicas españolas a base de becas cada vez más antisociales.

Incluso el chaval de 23 años que va con el voto el PP valenciano preparado de casa, también le ha ganado la batalla a la administración Zaplana/Camps, si chaval, a ti también te querían gilipollas y les has dicho que no lo vas a ser.

Por mí y por todos mis compañeros, por ellos primero, porque no se rindieron, os merecéis mucho más de lo que nos han ofrecido.

Para ti, para todos aquellos que estudiasteis primaria en un barracón, enhorabuena.

PD: y también a los de la secundaria, los de la FP, los que no tuvisteis nunca biblioteca, y a los que los engañaron con el dinero rápido de la construcción y os dejaron sin futuro pero os habéis apuntado a la escuela de adultos, enhorabuena.

Una Europa alejada de sus ciudadanos

Para entender la alta tasa de abstención en los comicios y sufragios europeos partimos de la decadencia y deficiencia de la calidad y la cantidad de información que los ciudadanos pueden recibir de qué se trata en Bruselas. Europa avanza, pero lo hace como un gigante con los pies de barro.

Al reconocerse la ciudadanía en el Tratado de Maastricht, parece ser que se rompe con un vínculo de exclusividad de la relación jurídico-política entre el Estado y el individuo particular. De manera que los nacionales de los estados miembros mantienen una especie de simultaneidad y complementariedad, basada en el doble vínculo político, la obligación con su propio Estado y la obligación con Europa, un vínculo que comparte con el resto de los ciudadanos de los estados miembros.

La construcción de la ciudadanía Europea no puede quedarse simplemente en el reconocimiento legal de los derechos civiles, políticos y sociales por parte de la Unión Europea. El que un cuerpo de derechos esté jurídicamente recogido, si bien es esencial para la articulación, no genera una ciudadanía europea activa. Simplemente da origen a una ciudadanía formal, es decir, a una ciudadanía pasiva, reducida a la pertenencia a una entidad supranacional que reconoce sin más, una serie de derechos pero que no articula necesariamente el mecanismo para el ejercicio de esos derechos.

Se debe por lo tanto promover la construcción de una ciudadanía sustantiva, un cuerpo de ciudadanos que se interesen por la participación en la toma de decisiones. Se debe buscar y encontrar cuanto antes el modo de que la ciudadanía europea se active como sociedad civil conocedora de sus derechos y defensora a ultranza de ellos.

Además de la falta de la opinión pública europea, de asociaciones que traspasen las fronteras de los estados, lo más destacable para los politólogos es como los partidos que se hace llamar europeos, en opinión de mucho no lo son.
Veamos porqué, el Partido Popular Europeo o el Partido Socialista Europeo, comparten el nombre de los partidos (en muchos casos, poro no en todos) con los partidos nacionales por cuestiones relativas a la creación de los mismos, mucho antes de que se pensara en una Europa Unida. Con esto quiero decir, que estos partidos son el resultado de alianzas entre partidos de corrientes ideológicas similares de cada Estado, las partes han sumado el todo.

El objetivo de la democracia es la participación ciudadana, y en Europa todavía no se ha logrado concienciar a los ciudadanos de que tienen en su mano gran parte de la legitimidad del proyecto, un proyecto que se puede perder si no se consigue desarrollar plenamente una cultura de política participativa.

La única forma posible de que los individuos comiencen a participar en el proyecto europeo es que se sientan parte de él. Así es como pueden empezar a pensar en dedicar tiempo a Europa. Este es un aspecto racional según el cual, una sociedad debe ser justa para que sus miembros perciban su legitimidad, y su aspecto de sentimiento en tanto que la ciudadanía refuerza los lazos de pertenencia y de identidad.

Para el acercamiento entre Europa y sus ciudadanos, basta pensar en el principio de subsidiariedad. Esto quiere decir, la implicación de las ciudades en el proceso de la configuración de la ciudadanía europea.

Esto es debido primero a una razón histórica y que da sentido al término. La segunda es una razón social, ya que se requieren unas instituciones que
materialicen los derechos y consecuentemente los hagan realidad en la proximidad, es decir, a través de las ciudades y de las regiones. Y por último existe una razón política, ya que las autoridades locales están doblemente legitimadas: representatividad política y proximidad. Son mucho más capaces que cualquier otra de contemplar el día a día de los ciudadanos, y así argumentar el itinerario de derecho y deberes que podrían formar parte de la ciudadanía europea.

El carácter contingente de la ciudad no solo se debe a sus méritos propios, sino que como se reitera en la Ciencia Política y en las Relaciones Internacionales el Estado se ha vuelto demasiado pequeño debido a la globalización, y demasiado grande y fragmentado con el desarrollo de sentimientos de identidad local.

De todas formas, cuando se realizan los Eurobarómetros con la pregunta de si es beneficioso para tu país que forméis parte de la Unión, la mayoría de los encuestados responden positivamente.

Sobre todo es digno de resaltar, la falta de un proyecto político-ideológico movilizador y legitimador y unos referentes institucionales y jurídicos, que proporcionen el ámbito de desarrollo de la ciudadanía europea. Incluso cabe destacar, que dentro de los denominados Europeístas, cada uno tira para un lado, que si Estado Democrático Liberal y que si un Estado de Bienestar, la disputa sobre qué camino tomar deja sin dibujar las líneas del camino para la construcción de la federación, sin asistir al principio de ciudadanía.

Receta para ciudadanía a la europea: el otro

Hay una fuerte presión de las ideas, de marcar como ya hemos apuntado las diferencias ante el miedo a la “invasión”, y en este miedo no solo se expresa el rechazo hacia lo no comunitario, sino que la xenofobia europea se extiende también hacia considerar inferior al nuevo europeo.
Qué queremos decir con esto, pues que la construcción de la identidad europea se ha ido formando desde hace bastante tiempo, y que la construcción como ya hemos apuntado se ha hecho por medio de la afirmación de una identidad frente a las otras, y estas otras, con las sucesivas ampliaciones de la Unión han pasado a ser también parte de las nuestras. Un
proceso que crea confusión en quién soy yo y quién es el otro. Ya que en mi opinión, debe pasar un tiempo hasta que el recién llegado deja de ser considerado no tanto ya diferente como inferior, y se crean capacidades para entenderle igual al resto de los ciudadanos europeos.

Este es desde mi punto de vista el caso de Turquía, que lleva media vida tocando a la puerta de Europa, no podemos negar que muchísimos de los que ya se consideran europeos no consideran a los turcos con las mismas características que ellos. Y dadas las expresiones xenófobas que asolan Europa, me veo en la triste situación de reconocer, que aunque defiendo la entrada de Turquía en la Unión precisamente por la aportación a la heterogeneidad, se debe hacer un largo proceso, que no será nada fácil, de tolerancia y no discriminación hacia la población turca.

Se ha ido conformando un fuerte proceso de posicionar la identidad europea frente a la identidad que creemos que comparte el norte de África, y ahora será una difícil empresa deshacer el camino para que se pueda ver a los turcos como europeos.
Entramos también en el debate de que va primero: que se desarrolle un sentimiento europeo, el cual por cierto todavía no está definido, para solicitar la entrada en la Unión, o que se entre a formar parte de la Unión y que una vez dentro se desarrolle el programa identitario. Porque entonces ¿cuánto tiempo hace falta para que los ciudadanos de un Estado que acaba de entrar en la Unión desarrollen ese sentimiento?, un sentimiento, que como ya hemos dicho, muchos de los veteranos de la Unión todavía no tienen claro.

No debemos irnos muy lejos para ilustrar el fenómeno de rechazo social hacia el inmigrante, aunque casi no tenía sentido político cuando sucedieron los terribles acontecimientos en el pueblo de El Ejido, aquellos momentos de tensión que se percibían por televisión me hacían pensar que algo se había torcido, dejaron a la opinión pública, tanto española como europea atónita, al comprobar cómo se estaban dando unos fenómenos que se creían erradicados de la vida europea. Porque se rompió la regla de lo que Balibar considera la diferenciación entre las políticas liberales democráticas y las políticas conservadoras o reaccionarias, basadas en esencia en la manera de alinearse frente las discriminaciones étnicas.

Ya que en el trágico suceso de el Ejido, se formaron frentes contra la población inmigrante (principalmente marroquí) indistintamente del color político de las gobiernos municipales, desde Adra hasta Roquetas del Mar.
Pero nos seguimos echando las manos a la cabeza cuando obseramos la manera en la que tanto Francia como Italia despachan a los ciudadanos rumanos que deciden residir en esos países, que no debemos olvidar que son comunitarios y sin embrago son subidos a un autobús hacia su país de origen. ¡Y queremos que acepten a Turquía! ¡Y dar asilo a los sirios!

Hay un severo impedimento para definir la identidad de la Unión Europea, ésta se ha ido basando en unos ideales, que no son únicamente europeos aunque por lógica, se han germinado en el viejo continente. Es decir, que los ideales de democracia, libertad, derechos humanos, tolerancia, y laicidad, traspasan las fronteras europeas, es más, se propugnan muchos de ellos a través de la Organización de las Naciones Unidas. Si ponemos estos valores como requisito para ser europeo, nos daremos cuenta de lo que denominados nuestra cultura está mucho más extendida que nuestras fronteras. Deberíamos abrir por lo tanto las puertas de nuestro idílico mundo a todos aquéllos que compartan nuestros valores. Y por supuesto que este no es el fin de la construcción de la identidad europea, que su sentido recae en que sea europea e identifique a los ciudadanos dentro de las fronteras de nuestra Unión.

Para cerrar con este punto, es de extrema urgencia si se quiere lograr una definición de la ciudadanía con la que los ciudadanos se sientan identificados, que éste se convierta en el centro de la Unión Europea, que se construya una identidad europea capaz de generar a su vez una sociedad civil europea.

Esto pasa por una mejora drástica del sistema de información, se debe atraer al ciudadano, se le debe construir una Unión Europea que llame la atención, que se vea necesaria para el ciudadano no solo por motivos mercantiles, creando así los pasos para una ciudadanía cada día más activa que se muestre por lo menos, enterada de los programas adoptados, y si ya se consigue que salga beneficiado, pues mucho mejor.

La ciudadanía la debemos entender como un atributo que se reconoce por que ha sido otorgado por el Estado, pero que además está basado en la hipótesis según la cual los ciudadanos comparten valores y normas de comportamiento que permitan una convivencia y nos dota de una identidad colectiva específica.

Stock de desempleados

La destrucción de empleo ha sido muy intensa durante esta crisis, sobre todo en el sector de la construcción, las industrias manufactureras y en los servicios, lo que entre líneas significa: destrucción de empleo poco cualificado. La misma destrucción que en las anteriores crisis con el mismo comportamiento alcista de los salarios, tanto nominales como reales, que solo se está moderando tras la Reforma Laboral de 2012, ya durante cinco años de recesión los salarios nominales han aumentado un 10% (a excepción de los empleados del sector público). Este dato se enfrenta a un informe del Banco de España que asegura que los salarios en España han caído más del 2%, según datos del INE y su encuesta de costes laborales, los salarios cayeron en España por primera vez en el cuarto trimestre de 2012, con un recorte del 3,6% interanual arrastrada por la supresión de la paga extra a los funcionarios.

Según las encuestas realizadas por el Banco de España, solo el 6% de las empresas españolas han podido reducir salarios, mientras que el 68% ha reducido la plantilla. Aunque García Brosa y Sanromà afirman que la mayor parte del desempleo reciente es coyuntural, se está generando un nuevo aumento del paro estructural.

Con las mismas características de las crisis anteriores: baja intensidad en la búsqueda de empleo, lo que provoca que prácticamente pasen a ser inactivos (según la categorización de la EPA); parados procedentes de un sector que no reaparecerá (la construcción), y cuyos desempleados no se ajustan a la nueva demanda de mano de obra ni en estudios, ni en experiencia laboral.

A esto debemos sumarle un drama agudo en lo que respecta a la movilidad de los desempleados, ya que España, un país donde el 80% de la población está sujeta a la propiedad de su vivienda, con la actual caída de precio en los activos inmobiliarios, un cambio de residencia supone venderla por debajo del precio de compra.
La tasa de desempleo estructural ha aumentado cuatro puntos en España entre 2007 y 2012, alcanzando el 16,5%, es la mayor de la OCDE y la que más ha aumentado. La negociación colectiva que ha resultado de la Reforma Laboral de 2012 puede bajar esta porcentaje en cuatro puntos, siendo optimistas, ¿pero qué pasa con el resto? Se sumarán un par de millones a los dos millones con los que ya contábamos en la fase expansiva del ciclo, vendrán nuevas oleadas de inmigrantes para que se baje un par de puntos el desempleo por medio de una moderación salarial…

El futuro que nos espera en España no es para nada alentador, en un artículo del diario El País, podíamos leer:

“Pese a la gravedad de la crisis y el sufrimiento que conlleva, no estamos arreglando ninguno de los problemas estructurales del mercado de trabajo. De hecho, la temporalidad no solo se ha mantenido sino que ahora empieza a aumentar [roza el 24% de los contratos]; se ha introducido con fuerza el tiempo parcial no querido por los trabajadores [crece a ritmos del 9% interanual] y el empleo autónomo, que se promociona desde el Gobierno y que genera mucho asalariado encubierto al dejar de estar protegido por los convenios colectivos [en febrero 44.000 de las 61.000 afiliaciones fueron de este tipo de trabajadores]. Esto nos lleva a un empobrecimiento de la población asalariada que en el futuro puede continuar e incluso acentuarse”, advierte Cebrián. (Gómez, M.V. y C. Sánchez-Silva, El País, 2014).

Con la última EPA se confirma que hay casi 6 millones de parados, de los cuales el 50,1% son de larga duración, el número de hogares sin ingresos llega a los 736.900. Y el drama es que la tasa de cobertura es del 60,33%, y de ellos, la miad no recibe más que 426 euros.
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Como hemos visto, el porcentaje de personas que cada vez esperan más tiempo por un empleo no hace sino aumentar, tenemos alrededor de dos millones de desempleados que provienen directamente de la construcción y que no pueden esperar volver a ella. Por lo que o se hace una inversión racional en políticas activas de empleo y reciclamos en la medida de los posible a este sector, o será acumulado a esos dos millones de personas que son por naturaleza paradas y a las que el mercado de trabajo no puede absorber porque no dan respuesta a las necesidades de las empresas.

La crisis de los 70

Creo importante hacer una retrospectiva a que pasó en los 70 para que dos millones de parados se quedaran atrapados en el desempleo estructural, algo grave, ya que pasados treinta años es de suponer que no han seguido siendo las mismas personas, pero si el mismo número.

Fina y Toharia (1987:33) destacan un rasgo caracterizador de la destrucción de empleo industrial español, que dista de los procesos análogos europeos. La destrucción del empleo fue de la mano del incremento de la productividad, y junto a cierto aumento positivo de la producción industrial real (Jaumandreu: 1986, Albarracín y Yago: 1986). Y esto no se debió a que fuesen despedidos los más ineficientes, sino que las más eficientes se reorganizaron y aumentaron su productividad. Algunas empresas lo consiguieron gracias a la entrada de un socio extranjero.

Ambos autores coinciden en que la principal causa de la caída del empleo en los 70 reside al agotamiento del modelo de crecimiento de la segunda mitad de la época franquista. A esto, le añaden la imposibilidad de seguir creciendo en una estructura productiva fuertemente protegida de la competencia exterior, así que la apertura supuso la desaparición de las empresas poco competitivas. Y por supuesto, la rigidez de salarios, ya que el salario real medio había crecido significativamente al tiempo que aumentó el desempleo. Esto lo podemos achacar a las prestaciones por desempleo que eran las más generosas de Europa, y no se moderaron hasta 1992. Para Toharia (1985) el mercado de trabajo es “razonablemente flexible” debido a que los índices de movilidad de los trabajadores durante la fase expansiva no son bajos, y que la movilidad no es una causa, sino la consecuencia del desempleo, tarde o temprano, bajo la expectativa de que no va a mejorar la situación económica, se acabarán trasladando a una zona más activa, aunque veremos en las conclusiones de este trabajo el problema que tienen ahora las familias derivado de la caída del mercado inmobiliario.

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Lo que señalan Toharia y Fina (1985: 53) es que el aumento de empleo, a vistas siempre de la fecha en que ambos autores escriben, tenderá a empujar hacia arriba el número de activos, tal como les revelaba su experiencia reciente. Y podemos predecir que ocurrirá lo mismo en los próximos años, ya que muchos parados de larga duración pasan a ser inactivos, cuando realmente son activos potenciales.
El desempleo de los 70 se produjo con mayor intensidad en el caso de los asalariados, como recogen ambos autores (1985:75), y solo una pequeña disminución de trabajadores autónomos, cuyo número incluso llegó a aumentar. ¿Por qué aumenta el número de autónomos? Lo estamos viendo en la actual crisis, con medidas gubernamentales como las de capitalizar el seguro de desempleo para poder registrarse como autónomo, a la vista de que no conseguiría empleo asalariado. Es de señalar que las condiciones de un trabajador autónomo son mucho más duras y con menos derechos laborales que un trabajador por cuenta ajena: vacaciones, pagas extra, seguros de salud, todo ello depende de uno mismo y no es gestionado de forma cuasi paternalista por una empresa ajena. Este aumento de los autónomos tiene consecuencias en la recuperación del empleo posterior a las crisis ya acontecidas, y sin duda lo tendrá en la muy espera salida de la crisis actual.
Lo que ocurrió en la recuperación entre 1985 y 1986 es que se incrementó el empleo asalariado, 400 mil personas, que se dio con una proporción considerable en el sector servicios, de los cuales algo más del 50% fueron creados en el sector público. También aumentó el comercio al por menor y los servicios a empresas, sectores ligados al consumo. Lo más importante fue la recuperación de la construcción, que no veremos en nuestra próxima recuperación -y si la vemos, que sea bajo la cordura y no la especulación-, con un crecimiento el 10,7%.
La industria por su parte se recuperó menos que los demás sectores, pero sin duda el aumento fue más fuerte en el metal y otras industrias manufactureras. Hubo un fuerte crecimiento en la rama del papel y de las artes gráficas (17mil empleos). Las grandes perdedoras fueron las ramas de maquinaria y equipos mecánicos, y maquinaria y materiales eléctricos, así como la construcción naval y otro material de transporte.
¿Qué sentido tiene el empleo por cuenta propia en la recuperación? Pues, que aquellos que se “hicieron autónomos” porque no encontraban trabajo de asalariados, en una fase expansiva del ciclo se acogerán al trabajo por cuenta ajena, con mayor retribución salarial y mayor seguridad.

Receta para ciudadanía a la europea: las adversidades

Desde un tiempo atrás se ha establecido un desiderátum por concretar la ciudadanía europea. De repente parece queexista una urgencia atroz por investigar este pilar de los procesos democratizadores. Se apunta a que han sido los cambios políticos y sociales de las distintas naciones occidentales los que han despertado el debate sobre la ciudadanía.
Para Ree nos debemos al debate sobre el Estado de Bienestar, y más sobre el restablecimiento del lazo entre la ciudadanía política y social.

Para de Lucas se debe encortar un substrato, un alma para el proceso de integración europeo que acerque al ciudadano. Es impensable que sin la capacidad para construir el imaginario europeo colectivo, exista la comunidad. Nadie dijo que fuera fácil. ¡Estamos hablando de Europa señores!

El viejo continente resume su historia en la historia de un continente hostil, no será fácil con la abismal disparidad de la identidad y de las nacionalidades. PerobEuropa hace mucho que dejó de constituir el mundo por completo, incluso puede perder el carácter de ser lo mejor del mundo -si creemos que alguna vez lo fue-.

El ex comisario (y también ex socialista para muchos) Almunia defiende que es impensable una Europa fragmentada, capaz de frenar la crisis individualizada. Y comparaba la situación de los Estados que han sido intervenidos (rescatados) desde laUnión Europea, con los Estados que no pertenecen a la Unión y ha hecho frente por ellas mismas, siendo en su opinión mucho más graves las consecuencias para la población:

¿Qué sería de cada uno de nosotros, de cada uno de nuestros países si no tuviésemos la Unión Europea, que sería de todos estos habitantes sin el Euro?, Grecia tendría una crisis de dimensiones descomunales. Si no estuviésemos unidos, si no tuviésemos el euro y las políticas que acompañan al euro, la solución de los problemas griegos, sería extraordinariamente más difícil. El precio que han tenido que pagar los ciudadanos de Islandia, por tener que pagar su crisis e intentar resolverla ellos solos, en vez de poderla resolver en el conjunto de la Unión, ha sido inmenso.
Hasta el punto de crear problemas políticos muy serios, desde el punto de vista de la estabilidad de Islandia.

¿Podríamos decir entonces que la identidad de la unión europea es la identidad de la unión ante las adversidades?
Primero una unión para contrarrestar los conflictos bélicos que asolaban el continente desde tiempos inmemorables, unirse para ser más competitivos, y unirse para que la crisis no acabe con nosotros.

Debemos contar no obstante, con las identidades nacionales de esta Europa nuestra, si son las que dividen y enfrentan a Europa. ¿Qué solución le damos al problema?
Como apunta de Lucas no podemos basar la identidad europea en una esatzidentität que sustituya por completo a las “subidentidades” y a las identidades de los Estados, creando así una identidad posnacional de aquellas que anunció Habermas.

El problema que está sufriendo la identidad europea es que se ha convertido en la identidad de las élites, hemos llegado al momento en el que solo hablan de Europa los eurodiputados, nadie sabe a ciencia cierta si cuando el Ejecutivo anuncia, “desde la comisión europea me han recomendado hacer tal política y la debo seguir”, de verdad le han dicho algo a este señor en Bruselas o lo que ocurre es que se quiere quitar las responsabilidad de una gestión para nada popular.

Otra característica de la identidad europea tal y como se está desarrollando, no desde el proyecto que se gesta en las comisiones, si no lo que cada persona siente, es que se construye una identidad frente al otro. Y en cierto modo, esta es la única forma de formar una identidad europea, desarrollar un nacionalismo y un cierto patriotismo. De acuerdo con Walker Connor, el patriotismo representa una adición emocional al propio estado o país y a sus instituciones políticas; y el nacionalismo es el sentimiento hacia el propio pueblo, es decir, al propio grupo etnocultural. A partir de esta formulación, parece acertado pensar que es mucho más fácil que se desarrolle patriotismo europeo a nacionalismo, podemos idolatrar a las instituciones, pero es mucho más difícil, casi imposible hablar de los habitantes de Europa como pertenecientes al mismo grupo etnocultural.

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Receta de ciudadanía a la europea: la identidad

Aunque partiendo de la difícil definición que tiene el término cultura, no es una falacia argumentar las tremendas diferencias que existen entre los veintiocho estados. Se está acudiendo al miedo como un factor clave para desarrollar el proyecto social y político (recordemos a Maquiavelo y a Hobbes), se desarrolla por lo tanto un miedo desde los europeos a ser invadidos por extranjeros hostiles, que procurarán la desnaturalización y la pérdida de identidad de Europa. ¿Pero qué pérdida de identidad? Ahí está la cuestión, no hacemos valer nuestra identidad hasta que no la vemos amenaza. Se constituye por ello una identidad defensiva, reaccionaria y esencial, puramente excluyente, holista y estática y totalmente incompatible con la legitimad democrática. Volviendo a caer por lo tano en el dilema europeo. Se empieza a promulgar una concepción elitista de la cultura europea, como la mejor cultura, la cultura superior, la cultura que es sinónimo de civilización. La ideología de la diferenciación se convierte en un fundamentalismo y en un racismo cultural de los definidos por Stolckey Todory.

La exclusión del otro, se convierte en el mismo modo en la tesis nazi de los Gemesichftsfremde, retomada en la doctrina del derecho penal del enemigo.
Pese a lo presente, siguiendo a Étienne Balibar no podemos caer en la tentación de diferenciar entre un nacionalismo bueno y un nacionalismo malo.

Se debe desarrollar una identidad europea, pero en el marco de solidaridad y cooperación con el resto del planeta.
Identidad europea no puede ser sinónimo de las grandes culturas del continente, también constituyen la cultura de Europa minorías del arte bizantino y el cine bosnio.

La ciudadanía europea, como ya hemos visto, no puede constituirse como una ciudadanía que haga desaparecer el resto de sentimientos nacionales, la creación de la verdadera identidad europea pasa por que seamos capaces de sentirnos parte de un espacio común que lo integremos todos lo Estados miembros, y que por ello es heterogéneo, se entremezclaran las nacionalidades, culturas y creencias. Pero esto solo es posible si se entiende que se debe dar margen al proyecto de la diversidad y de la convivencia, y frenar la defensa de la esencia nacional y el miedo a dejar de ser menos catalán por nacer en España, y menos catalán todavía por formar parte de la ciudadanía europea. Debemos tener siempre por delante que la riqueza de Europa es su variedad, y esta variedad es la que constituye la idea de la ciudadanía europea, el proyecto de convivencia, de respeto, cooperación y solidaridad.

El problema de la ciudadanía Europea no debe entenderse en tanto por el carácter diverso, como por el afán homogeneizador, porque ahí está el gran error, en querer homogeneizar y no respetar la heterogeneidad. Se intenta crear una ilusión de una nación homogénea que para nada se corresponde con la realidad, y entonces es cuando aparece la quiebra y la desaparición de toda coherencia.

K. Preub solo ve posible la sólida consolidación de la ciudadanía europea si se parte de una base en la que los criterios de nacionalidad de cada uno de los estados miembros sea abandonado. Ya que al incrementar los derechos supranacionales se crea un lazo de igualdad entre individuos que disfrutan de los mismo derechos y que estarían por lo tanto protegidos bajo la misma ley. Ese lazo es el que puede constituir finalmente el estatuto de la ciudadanía comunitaria.

Acudimos a observar la cultura europea como una herencia étnica específica, basada en marcadores privados, en símbolos y productos que poco a poco hemos hecho comunesma todos nosotros. En un mundo global es insostenible seguir defendiendo la propiedad de tal o cual característica, los inventores y los intelectuales de hoy en día pueden ser hijos de matrimonios mixtos, haber viajado por países de los denominados exóticos, trabajar con gente de un país y de una cultura totalmente distinta a la suya, empezar un estudio norte y llevarlo a la práctica en el hemisferio sur, y entonces ¿Qué nacionalidad tiene ese proyecto?, ¿qué país se apuntará el tanto?

Podemos hablar de una identidad europea que debe ser el resultado de una sistema jurídico- político, como apunta de Lucas, que se base en una idea capaz de regular la multiplicidad social y cultural. Podemos encontrar una claro signo de identidad cultural, basado en la idea de la crisis, en la capacidad crítica, de revisión y de diálogo que se ha desarrollado en Europa, nos hemos vuelto abiertos, dinamizadores y evolucionistas. En cierto modo este es el legado de la Ilustración, vemos claramente como a este lado del Atlántico y en este hemisferio se ha creado la capacidad técnicas interna para cuestionar nuestra propias instituciones, en nombre del debate razonable (desde hace poco, porque los métodos no tan razonables presiden la historia europea).

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Receta para ciudadanía a la europea: los simbolos y la opinión pública

Como explica Rosales, la ciudadanía de la Unión se constituye como fundamento de una identidad colectiva común, superpuesta, y en alguna medida, integradora, al proveer de derechos y de protección jurídica adicional. Su alcance es interestatal, mejor dicho supraestatal, y así forma una ciudadanía supranacional. La identidad colectiva no funda un proyecto político, sino que es éste el que funda una identidad común.

Hay que leer el discurso de Weber pronunciado en 1895 en la Universidad de Friburgo, pone de manifiesto que el componente del prestigio étnico presente en el nacionalismo va aparejado con la aspiración al poder político.
El nacionalismo se define originariamente por su voluntad de autoconstitución política.

En el caso de la Unión Europea, hay cuatro símbolos claros y reconocibles, que en buen modo, son los mismos símbolos que van formando cualquier identidad. Así, aparece la bandera, el himno, la moneda y en menor medida el día de Europa, que conmemora el nacimiento de la unión el nueve de mayo de 1950, cuando el comunicado redactado de Jean Monnet fue leído en una rueda de prensa por Robert Schuman. En el caso de la bandera, que pasa a estar presente en los edificios públicos, no se siente que suplante a la bandera de los estados, al igual que el himno. Pero la moneda trajo consigo multitud de cambios, por no decir que fue la mayor política de la Unión Europea. Dejo fuera de juego a la moneda de cada Estado, para muchos se despertó la nostalgia de la moneda de cada país, y más aún cuando se produjo la inflación, al efectuarse el redondeo de una forma espectacular, provocando una caída en la capacidad adquisitiva de los ciudadanos.

Tras alcanzar el desarrollo del borrador de cuáles serían las señas de identidad de la Unión Europea, se debe despertar en los ciudadanos el interés por acogerlas, ya que sin ellos no tiene sentido el proyecto y se queda vacío de contenido.
Como ya hemos dicho con anterioridad, la pretensión por acercar Europa a sus ciudadanos ha sido constante, ya que eran conscientes de la necesidad de la legitimidad que estos aportan al proyecto, pero también hemos observado cómo ha ido apareciendo un carácter elitista en cuestión de acercamiento. El Tratado de Maastricht reforzaba las competencias legislativas del Parlamento, pero esto no sirve de nada si los ciudadanos no se acercan a votar el día de las elecciones.
Se tiene visionado un sistema de decisores jerarquizadas desde instancias con capacidad ejecutiva, como el Consejo de
Ministros y la Comisión, más que como un proceso que parte de la voluntad popular expresada y representada en el Parlamento.

Sobre la opinión pública europea, debemos partir de una premisa básica para esta cuestión. Del mismo modo que la suma de las identidades de los estados miembros conforma la diversidad característica de la ciudadanía europea, la transformación no se da en el mismo sentido cuando hablamos de la opinión pública. El conjunto de los públicos no da como resultado el público europeo. Y el problema al que nos exponemos es que no existe por muy contingente que sea para la construcción política de Europa un público europeo.

Si nos planteamos detenidamente que significa una opinión pública, a que está sometida pronto aparece en nuestro imaginario el concepto “medios de comunicación” al que hay que añadirle de masas. Públicos de ciudadanos, espectadores y participantes, en el sentido que ya John Dewey entreviera para lo que llamaba la gran sociedad moderna, integrada, a su vez, por sociedad interconectada e interdependiente, y entendida como una comunidad de comunidades, que no es otra que la imagen de un sociedad de la información.

El profesional de los medios Gabilondo comenta en su último libro como se ha llegado a recibir en cualquier parte del mundos la misma gama de noticias, la mismas imágenes y que los informantes locales solo se limitan a darle un toque acorde con su línea editorial. Aunque no vamos a negar la capacidad censuradora de muchos estados. Existen actualmente cuatro grandes agencias de prensa, la española EFE, la canadiense-británica Thomson Reuters, la estadounidense Associated Press (AP), la francesa Agence France-Presse (AFP). Así que a lo mejor el problema descansa en que la opinión pública tiende a homogeneizarse globalmente a través de las agencias internacionales.
Así es como la opinión pública europea encuentra sus déficits en la diferenciación de otras opiniones públicas, porque existir, tengo claro que existe, pero no pule los matices que la hacen europea.