La infancia que no sufre

Hoy es el día universal del niño y vais a leer mucho, muchísimo sobre niños que sufren. Porque si algo vende, es que los menores sufran, pasen hambre, tengan a su madre en prisión, se desconozca quién es su padre, sufran acoso escolar, fumen con 12 años y pierdan la virginidad sin recordar con quién a los 13… eso es lo que garantiza un clic rápido al enlace de un post que no supera las doscientas palabras.

El 20 de noviembre se celebra para recordar la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989 (y de la Niña, aunque antes no se utilizaba el lenguaje inclusivo, y porque todo lo que se firma en inglés, presume de género neutro aunque sea esa la excusa para no denunciar las particularidades de las menores que sufren por ser mujeres y no por ser menores, pero ese no es mi tema de hoy).

Podemos pensar, por un lado, en los compiten en las olimpiadas, en los mundiales, en los shows, en los concursos de barrio. De quienes entrenan más horas de las que sus padres pasan en la oficina, de quienes tienen el carné de la Federación antes de tener el carné de la biblioteca. Quienes nunca esnifarán pegamento en las callejones del barrio, pero sabrán perfectamente que se siente tras una infiltración antes de que les baje la regla o se hayan afeitado. Tendrán lesiones deportivas que se harán crónicas antes de sacarse el carné de conducir… pero nunca les faltará un plato en la mesa… por eso hoy nadie os hablará de ellos ni de ellas.

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